La Iglesia y convento de San Pablo fue en su origen un alcázar, que fue mandado edificar por el rey Alfonso X, el Sabio. En 1324, su sobrino, Don Juan Manuel, lo convierte en convento para los dominicos, para ello amplia la iglesia y la modifica utilizando el estilo gótico-mudéjar, con la intención de convertirse el altar mayor en su última morada.
En 1536, otro Don Juan Manuel, señor de Belmonte, y biznieto del infante, modifica la nave del evangelio y construye una capilla funeraria para albergar los restos de la familia Manuel, construyéndolo en el más puro estilo plateresco. La fachada mezcla, por tanto, ambos estilos y materiales arquitectónicos, provoca un gran atractivo artístico.
Recientemente se ha llevado a cabo la restauración de la capilla del Príncipe y el sepulcro yacente. En ello se realizó la exposición titulada "El poder de Castilla en los siglos XIV al XVI. Los señores de Peñafiel".
EL CLAUSTRO
El Claustro de este convento fue en parte edificado por Fray GArcía de Loaisa, natural de Talavera de la Reina.
Fray Garcia de Loaisa tomó el hábito de dominico en este convento de San Pablo de Peñafiel; y edificó en él un dormitorio. Fue General de la Orden de Santo Domingo, confesor y consejero de Estado del Emperador Carlos V, Obispo de Osma y de Sigüenza, comisario de las Indias, Cardenal y Arzobispo de Sevilla. Murió en 1546 y está sepultado en el Convento de San Ginés de Talavera de la Reina.
Su escudo de armas figura en una pared del claustro. Y son cinco rosas de gules en campo de oro.
En dicho claustro figuran también los escudos de la Orden de Santo Domingo, el de Don Juan Manuel, señor de Peñafiel, y el tal vez perteneciente al primer duque de Osuna y cuarto Conde de Ureña, D. Pedro Téllez Girón y de la Cueva.
CAPILLA DE DON JUAN MANUEL (SIGLO XVI)
Toda la capilla es un prodigio de arte, perteneciendo a los buenos tiempos del Renacimiento; está hecha de piedra y de escogida cantería dócil de labrarse y al mismo tiempo de mucha consistencia.
Tiene por la parte exterior las piedras tan labradas que apenas se distinguen las juntas; su conjunto es majestuoso, dándole un tono inexplicable los matices de la piedra cubierta de patina por el sol y por el tiempo.
El aspecto de esta capilla interiormente es llano y sin labores hasta una cornisa que corre por toda ella a una altura competente, sobre la que descansan varios hacheros interpolados de pebetes, que representan luces y llamas en alusión de arder y alumbrar.
También asientan sobre la cornisa y se reparten en iguales distancias diferentes columnas abalaustradas que suben hasta el cerramiento de la capilla, y sustentan los arranques de las dovelas de la bóveda, en cuyo centro se unen éstas, y en sus espacios intermedios se ven pintadas devotas de buen gusto y colorido.
La entrada de esta capilla es por el calustro, por medio de un arco rebajado, frontero al grande donde antes estaban las rejas. En el cuerpo, fondo o gruso de estos arcos es donde apuró el artífice todo el primor de su ingenio y de su mano.
Están revestidos de labores grotescas de alto y calado relieve, todas de rara invención, donde en gracioso juguete se entremeten y resaltan una infinidad de figuras imaginarias y quiméricas, con otras imitando al natural, varios y diferentes esqueletos, huesos, testerones y miembros esparcidos y truncados. En cuyo desconcertado
concierto compiten a porfin la travesura y la destreza, la fantasía y el genio, con la sutuosidad y el gusto.
Es también notable el trabajo y mérito de la pequeña puera que da entrada a la sacritía.
En su primitivo origen no estuvo como hoy está, cubierta de tejado. Su terrado o techumbre era de un hermoso enlosado, con balaustrada de piedra de labores y calados que formaban un antepecho en el que sobrepujaban distribuidos y alternados cibrepses con sus pebete y llamas; y por dentro un piso plano con alguna pendiente a los costados, a manera de terrado o mirador.
Fundó esta capilla y enterramiento el mismo Don Juan Manuel, viznieto del infante de este mismo nombre, fundador del convento y la cabó en el año 1536, como dice un letrero que corre por la capilla misma, de caracteres dorados, entre la cornisa y collarino: ESTA CAPILLA MANDO HACER DON JUAN MANUEL: DE LA ORDEN DEL TOISON; HIJXO DE DON JUAN MANUEL; POR SEGUNDA SUCESION DE VARONES; VIZNIETO DE DON JUAN MANUEL FUNDADOR DE ESTE MONASTERIRO I DE OTROS DOCE: I ENTRE ELLOS ESCOGIO PARA SU ENTERRAMIENTO EL CUAL FUE HIJO DEL INFANTE DON JUAN MANUEL CUYO PADRE FUEL EL REI DON FERNANDO EL SANTO: EL QUE GANO A SEVILLA.
RELIQUIA DE LA VENERABLE JUANA DE AZA
En este convento de San Pablo se hallan las reliquias de la Venerable Juana de Aza, madre del patriarca Santo Domingo de Guzmán, fundador de la orden de predicadores.
En lo alto de la pared de la capilla mayor de la iglesia hay un camarín con una reja de hierro donde tiempos hace estaban dichas reliquias depositadas dentro de una caja de madera forrrada de terciopelo carmesí.
Para asegurarse más y poner mayor custodia para evitar su robo, el Maestro general de la Orden hizo fajar y rodear toda la caja con una cinta ancha de seda fuerte, crutando todas las vueltas y sellando con lacre todos los encuentros. Colocándola así en el camarín, al lado de la Epístola, la cerró por fuera con tres llaves, una de las cuales llevó consigo (y que debe de tener siempre el Maestro General de la Orden), otra se la entregó al Padre Prior del convento la otra remitó al Prior Provincial, cuya llave debería de estar en su poder y en el de aquel que el sucediese. |